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Estudios sobre los efectos del Taijiquan sobre la salud humana.

¿Por qué el Taijiquan puede ayudarnos a mantenernos sanos?

En la actualidad el Taijiquan es considerado por muchos como un camino hacia una vida larga y saludable. Sin embargo, la asociación entre el Taijiquan y la salud solo empezó a examinarse científicamente en décadas recientes.  La primera descricipción científica de los efectos del Taijiquan en la fisiología, la psicología y la quinesiología aparece en el libro de Xu Zhi-Yi (1927) titulado “Preliminary explosion of Tai Chi Chuan” (Yu, 1990).  A medida que la ciencia y la tecnología avanzaban en China, la investigación científica sobre el Taijiquan empezó a incrementarse, interesando a profesionales de la medicina, la ciencia del deporte, la educación física y la psicología. El estudio de sus efectos beneficiosos también ha empezado a popularizarse en Occidente. De acuerdo con Li, Hong y Chan (2001), el primer estudio publicado en inglés, fue un experimento sobre los cambios en la frecuencia cardíaca y en el electrocardiograma durante la práctica del Boxeo de la Cumbre Suprema, publicado a principios de los años 80 (ver, Gong y otros, 1981).

La investigación científica del Taijiquan es cada vez más rica y variada y, en general, ofrece evidencias sobre los efectos positivos de esta disciplina en la salud. Sin embargo, se sabe poco sobre los mecanismos que hacen esto posible. Aquí quiero recuperar algunas posibles explicaciones, sugeridas por Roger Jahnke, director del Institute of Integral Qigong and Tai Chi, Santa Barbara (California) y cofundador de la National Qigong Association.  Este doctor en medicina china, con varias décadas de experiencia, es hoy en día un referente en el estudio del Qigong y el Taijiquan, así como un convencido de que estas disciplinas cuentan como parte de la medicina alternativa y complementaria.  Un ejemplo de esta apuesta es el texto “Qigong and Tai Chi: Traditional Chinese Health Promotion Practices in the Prevention and Treatment of Cardiovascular Disease”, donde propone algunos posibles mecanismos fisiológicos que se desencadenan con la práctica regular del Taijiquan y el Qigong.

De acuerdo Jahnke (2005), la práctica del Taijiquan puede variar desde la realización de simples ejercicios de calistenia y de coordinación respiratoria, hasta métodos más complejos a través de los cuales el practicante altera las ondas cerebrales, el ritmo cardiaco y el funcionamiento de otros órganos.  Si se practica habitualmente, dice el autor, la combinación de movimiento, relajación profunda y respiración pueden aumentar la fuerza y la flexibilidad, así como revertir el daño causado por antiguas lesiones y enfermedades.  Los mecanismos que estarían detrás de esta mejora serían variados.  El Taijiquan, dice:

  • Enfoca la mente y la liberan de distracciones, iniciando la “respuesta de relajación” en el cuerpo y haciendo decrecer la función simpática del sistema nervioso autónomo.  En consecuencia, el ritmo cardiaco y la presión arterial disminuyen, se dilatan los vasos sanguíneos y se favorece la oxigenación de los tejidos.
  • Produce cambios en el balance de neurotransmisores en el cerebro, moderando el dolor, la depresión y la ansiedad, así como optimizando la capacidad inmunitaria.
  • Incrementa la taza y el volumen del flujo de los líquidos del sistema linfático, favoreciendo la eliminación de toxinas desde los tejidos, órganos y ganglios, acelerando la propulsión de las células inmunes a sus objetivos.
  • Incrementa la taza del metabolismo celular y la regeneración de tejidos a través del incremento de la circulación de sangre rica en oxígeno y nutrientes.
  • Coordina los hemisferios cerebrales promoviendo un sueño más profundo, reduciendo la ansiedad y aumentando la claridad mental.
  • Induce ondas cerebrales alpha (en algunos casos, también theta), lo que se acompaña con una reducción del ritmo cardiaco y la presión arterial.
  • Modera la función del hipotálamo, la pituitaria y la glándula pineal, así como los fluidos cerebroespinales mediando en las sensaciones de dolor, mejorando el humor y acelerando la función inmunitaria.

“Simply stated” afirma Jahnke (2005) “the physiological mechanisms of self-regulative repair are triggered by the three traditional aspects of Qigong, Tai Chi (and Yoga)—regulation of body movement and posture, regulation of the breath, and specifically focusing the mind and awareness” (p. 208-209).

Referencias

Gong L, Qian J, Zhang J, et al. (1981). Changes in heart rate and electrocardiogram during Taijiquan exercise. Chinese Medical Journal, 94:589–92.

Jahnke, R. (2005). Qigong and Tai Chi: Traditional Chinese Health Promotion Practices in the Prevention and Treatment of Cardiovascular Disease (p. 204-219). En Frishman, W.H.; Weintraub, M.I.; Micozzi, M.S. (Eds.). Complementary and integrative therapies for cardiovascular disease.  United States of America: Elsevier.

Li, J. X.; Hong, Y.; Chan, K.M. (2001). Tai chi: physiological characteristics effects on health. British Journal of Sport Medicine, 35;148-156.

Yu, Z. (1990). The third milestone of Tai Chi Chuan development. En Hao X, ed. Chinese Wushu and traditional culture, p. 136–41. Beijing: Beijing University of Physical Education Press.

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Taijiquan contra las enfermedades degenerativas de las articulaciones – un estudio

La relación entre Taijiquan y las enfermedades degenerativas de las articulaciones es controvertida.  Aunque existen estudios que se han encontrado efectos positivos en personas con artritis reumatoide (Han, Robinson, Judd, Taixiang, Wells y Tugwell, 2004) y osteoartritis (Song, Lee, Lam y Bae, 2003), otros trabajos se muestran menos optimistas. Este debate, aún abierto, empezó con los trabajos de Paul Lam, quien desde los años noventa ha creado diferentes sistemas de “tai chi para la salud” (ver, aquí), entre ellos uno específicamente recomendado para la artritis.

El sistema de trabajo de Paul Lam ha sido puesto a prueba en diferentes estudios.  En este post me gustaría mencionar uno que he conocido recientemente, y que fue realizado en Corea del Sur por Eun-Nam Lee, Young-Hee Kim, Won Tae Chung y Myeong Soo Lee (2008).  Se trata de una prueba controlada aleatoria en la que participaron 30 pacientes con espondilitis anquilosante, divididos en dos grupos, uno de los cuales realizó un programa de TJQ (N=13), y otro que no realizó ningún tipo de tratamiento basado en el ejercicio físico (N=17). Los grupos no se diferenciaban significativamente en términos de género, edad, duración de la enfermedad, estado civil, religión, situación económica o consumo de medicamentos.

El programa de Taijiquan incluía dos sesiones semanales de entrenamiento, con una duración de 60 minutos cada una. Estas sesiones se extendieron por un total de 8 semanas y estuvieron acompañadas con entrenamiento en casa (una vez al día las primeras 6 semanas y dos veces diarias durante las últimas semanas, con la ayuda de un libro de instrucciones). El entrenamiento incluía una fase de calentamiento, la práctica de la forma de 21 movimientos de Paul Lam y una fase de enfriamiento.

Forma de 21 movimientos de Paul Lam

Antes de dicha intervención, Eun-Nam Lee y sus colaboradores (2008) midieron en todos los participantes la actividad de la enfermedad (utilizando el indicador BASDAI, que incluye preguntas sobre fatiga, dolor dorsal, dolor en las articulaciones, dolor y rigidez matinal), la distancia entre los dedos de las manos y el suelo (con los pacientes intentando tocar la punta de sus pies con las rodillas extendidas) y la depresión (con la ayuda de la Center for Epidemiologic Studies Depression Scale). Los resultados obtenidos en estas primeras evaluaciones fueron muy similares en ambos grupos.

Los autores reportan que, después de esta intervención, el grupo de Taijiquan mostró una mejora significativa de sus síntomas y de su flexibilidad en comparación con el grupo de control. Todas las medidas utilizadas fueron significativamente menores en el grupo de TJQ si se las compara con las medidas tomadas antes del inicio del programa (mientras que en el grupo de control no se encontraron cambios). La mejora en los síntomas de depresión, sin embargo, no fue significativa. Las autoras concluyen que el Taijiquan puede disminuir los síntomas de la espondilitis anquilosante y mejorar la flexibilidad de los pacientes.

Referencias

Han, A.; Robinson, V.; Judd, M.; Taixiang, W.; Wells, G. Tugwell, P. (2004). Tai chi for treating rheumatoid arthritis. Cochrane database of systematic reviews, 3: CD004849.

Lee, Eun-Nam; Kim, Young-Hee; Chung, Won Tae; Lee, Myeong Soo (2008). Tai Chi for Disease Activity and Flexibility in Patients with Ankylosing Spondylitis—A Controlled Clinical Trial.  eCAM, 5(4):457–462

Song, R.; Lee, E.O.; Lam, P.; Bae, S.C. (2003). Effects of tai chi exercise on pain, balance, muscle strength, and perceived difficulties in physical functioning in older women with osteoarthritis: a randomized clinical trial. The Journal of Rheumatology, 30(9):2039–44.

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