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La intensidad de la práctica del Taijiquan

En la literatura sobre Taijiquan hay un acuerdo generalizado a la hora de definir esta disciplina como un ejercicio de baja intensidad.  Dicho acuerdo se basa en diversos estudios sobre la respuesta cardíaca a la práctica de determinadas formas.  El primer estudio al respecto se publicó en 1981.  En él, Gong y sus colegas evaluaron los cambios en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el electrocardiograma durante la ejecución, durante 20 minutos, de la forma simplificada de 24 movimientos.

En el estudio de Gong et al. (1981) participaron 100 personas sanas, entre los 46 y los 60 años, con diferente nivel de experiencia (entre los seis meses y los 30 años de práctica).  Los resultados no mostraron cambios importantes en la presión arterial o en el electrocardiograma, pero sí en la frecuencia cardíaca.  En promedio esta era de 74 (10) latidos por minuto antes del ejercicio y subía hasta los 92 (16) a los dos minutos, estabilizándose en 95-98 el resto del tiempo. Los participantes fueron divididos en tres grupos de acuerdo con su tiempo de práctica, sexo y frecuencia cardíaca en reposo, pero no se encontraron diferencias significativas entre dichos grupos.  El pico promedio fue de 104 (14) latidos por minuto, y el incremento de la frecuencia cardíaca fue de 30 latidos por minuto a los 12/14 minutos de ejercicio.  Posteriores estudios de diferentes autores han llegado a resultados similares, y encuentran que la frecuencia cardíaca no supera el 60% del máximo de cada individuo, con una intensidad del ejercicio que no excede el 55% de su capacidad aeróbica máxima (Li, Hong & Chan, 2001).


Forma de 24 movimientos

En un texto recientemente publicado, expertos en medicina física y rehabilitación de la Universidad de Taiwan (Lan, Chen & Lai, 2008) exponen los resultados de sus esfuerzos por determinar la intensidad del estilo Yang tradicional.  Para tal efecto han medido, en un grupo de sujetos, la frecuencia cardíaca y la capacidad aeróbica que alcanzan durante la práctica de la forma de 108 movimientos, así como la presencia de ácido láctico después de dicha práctica.  Sus resultados indican que el estilo Yang clásico “es un ejercicio de intensidad moderada, y su intensidad es similar para las diferentes edades y para cada género” (p. 12).  La ejecución de la forma de 108 movimientos, afirman los autores, es un ejercicio apropiado para mejorar la capacidad funcional tanto de hombres y mujeres mayores, como de personas jóvenes.


Yang Jun ejecuta los primeros movimientos de la forma tradicional de 103(108).

En un primer estudio, realizado con 15 practicantes hombres de Taijiquan, Lan y sus colegas (2008) compararon la exigencia de la forma con una prueba de ejercicio máximo en bicicleta.  En dicha investigación encontraron que la frecuencia cardíaca durante la práctica del Taijiquan alcanzaba el 58% de la tasa cardíaca de reserva de los sujetos, y que el consumo de oxígeno correspondía a un 55% de su capacidad aeróbica máxima.  Esta intensidad se acercaba al “Ventilatory Threslhold” (es decir, el momento en el que, durante el ejercicio, la persona se ve incapaz de hablar confortablemente). Por otro lado, la concentración de ácido láctico en la sangre al terminar el ejercicio se aproximaba al inicio de la acumulación láctica (OBLA). Debido a que el VeT y el OBLA implica la máxima intensidad con la que la persona puede mantener el ejercicio por un tiempo prolongado, la práctica del Taijiquan resulta apropiada para mejorar la capacidad cardiorespiratoria (Lan, Chen & Lian, 2008).

De acuerdo con los autores, la frecuencia cardíaca aumenta rápidamente durante los primeros 12 minutos de práctica y luego incrementa solo levemente hasta el final del ejercicio.  Por su parte, la capacidad aeróbica aumenta vertiginosamente en los primeros 3 minutos para luego conseguir un nivel constante hasta terminar la práctica.

En otro estudio realizado por los autores se midió la frecuencia cardíaca de 100 sujetos durante la práctica del Taijiquan. Se trataba de 54 hombres y 46 mujeres clasificados en tres grupos por edad: jóvenes entre 25 y 44 años, sujetos de mediana edad entre 45 y 64 años y personas mayores entre los 65 y los 80 años. Los resultados se compararon con un test de ejercicio que determinó su capacidad cardiorespiratoria máxima. Los datos obtenidos indican que la frecuencia cardíaca promedio durante la práctica de Taijiquan fue de aproximadamente el 50% de la capacidad máxima, tanto en hombres como en mujeres, independientemente del grupo de edad.

Resulta llamativo que, tanto en el estudio realizado con la forma simplificada de 24 movimientos, como en los estudios con la forma de 108, la respuesta cardíaca sea similar en personas de diferentes características (edad, sexo, nivel de práctica, etc.). Esto podría deberse a que los los practicantes pueden adaptar el Taijiquan a sus condiciones particulares. En este sentido, Lan, Chen y Lian (2008) defienden  lo siguiente:

La intensidad del ejercicio y su duración determinan el gasto calórico total durante una sesión de entrenamiento, y determinan sus efectos. Además, la carga y la velocidad de ejercicio determinan la intensidad del ejercicio. Cabe destacar que los ejercicios de alta intensidad se realizan generalmente a una velocidad alta. Sin embargo, el principio entrenamiento de los ejercicios tradicionales chinos se aparta de esta suposición que asocia la velocidad y la intensidad del ejercicio. El TC se realiza en una postura de semi-cuclillas, con una carga significativa en las extremidades inferiores. Por lo tanto, una postura alta y un entrenamiento a corto resultan adecuados para los participantes de mayor edad mayores o fuera de forma, mientras que las posturas bajas y la práctica prolongada son adecuados para los participantes más jóvenes. Por tanto, participantes de TC con diferentes edades tanto, puede ajustar la posición y la duración del ejercicio para lograr un adecuado nivel de intensidad durante el entrenamiento (p. 18).

Referencias

Gong L, Qian J, Zhang J, et al. (1981). Changes in heart rate and electrocardiogram during Taijiquan exercise. Chinese Medical Journal, 94:589–92.

Lan, Ch.; Chen, S-Y; Lai, J-S (2008). The exercise intensity of Tai Chi Chuan (pp. 12-19). En Y. Hong (Ed.) Tai Chi Chuan: State of the Art in International Research. Switzerland: Karger.

Li, J. X.; Hong, Y.; Chan, K.M. (2001). Tai chi: physiological characteristics effects on health. British Journal of Sport Medicine, 35;148-156.

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Formas simplificadas como herramienta terapéutica

En el post titulado ‘El Taijiquan visto como terapia‘ he mostrado cómo diferentes publicaciones orientadas a los profesionales de la salud son proclives a defender, no solo que el Taijiquan tiene efectos positivos en la salud, sino que puede considerarse un cierto tipo de tratamiento. A partir de esta idea, no es infrecuente llegar a la idea de que el Taijiquan se puede prescribir, como se prescriben medicamentos o terapias específicas (ver, por ejemplo ‘Fisioterapia y Taijiquan para prevenir caídas‘).  Se recomienda, además, que el Taijiquan se promueva en  programas comunitarios y en centros de atención para personas mayores, así como en residencias geriátricas, o se incluya en programas de rehabilitación en entornos hospitalarios. Bajo esta misma premisa, Violet Li nos ha informado recientemente del acuerdo firmado entre la Chinese Wushu Association y la compañía Taiji Zen International (fundada entre otros por Jet Li) para difundir el Taijiquan a lo largo y ancho del globo (léase, para construir centros dedicados a la enseñanza del Taijiquan en hoteles de lujo).

Como practicante e instructor de Taijiquan ciertamente me siento satisfecho por la creciente popularidad de esta arte marcial.  Cuando practicas en un parque y escuchas a los paseantes (incluso a los niños) decir a otros “¡Está haciendo tai chi!”, no puedes menos que sonreír para tus adentros (a pesar de que nunca falta quien dice que estás haciendo Yoga).  Sin embargo, esta popularización también conlleva efectos no deseados.  Uno de ellos es, precisamente, el que se confunda el Taijiquan con un sistema médico o con una suerte de tratamiento alternativo para las más variadas enfermedades. Aquí conviene tener presente que el Taijiquan -a pesar de lo dicho en la literatura médica o de los post que dedico en este blog a sus impactos saludables- no es en sí mismo una terapia, ni puede considerarse como una medicina.

A no ser que tu instructor o maestro de Taijiquan tenga formación médica (algunos, en en efecto, han estudiado medicina tradicional china y, claro, entre ellos hay también médicos, enfermeras, fisioterapeutas, etc.), su habilidad marcial o su conocimiento técnico no le capacita para valorar en profundidad el estado de salud de sus estudiantes, ni mucho menos para realizar diagnósticos como los que haría un profesional de la medicina.  Ciertamente, su experiencia directa y la experiencia acumulada tras generaciones de transmisión del arte, le confieren un saber sobre el funcionamiento y cultivo de cuerpo humano. Pero dicho saber no le legitima para actuar desde una perspectiva médica y, de hecho, no le brinda las bases para hacerlo con efectividad. La práctica que el instructor o el maestro dominan es, no hay que olvidarlo, un arte marcial.  Los resultados que el Taijiquan produce en la salud han sido descubiertos (y promocionados) mucho tiempo después de que esta disciplina se creara y desarrollara como un sistema de lucha.

Así pues, no debe extrañarnos que para el Taijiquan que se emplea con fines terapéuticos haya pasado por algún tipo de reingeniería.  Li y sus colaboradores (2003) sostienen que no todos los movimientos y posturas del Taijiquan son apropiadas para los mayores; mientras que la Comisión de Deportes Nacionales de China (1983) recomienda que el nivel de las posturas (alto, medio o bajo) se regule de acuerdo con la edad y habilidad del practicante.  McGinnis (2008), por su parte, afirma que debe tenerse en consideración la dificultad que los mayores pueden tener para aprender y recordar las formas tradicionales (cuya extensión es considerable).  En este sentido, Jahnke (2005) sostiene…

Therefore except for in rare cases, a study naming Tai Chi is almost never traditional Tai Chi but instead is almost always an adaptive form, which is actually more a kind of therapeutic or medical Qigong. Such practices may be called Tai Chi, but they are probably more what the Chinese call Tai Chi Qigong (also Taiji Qigong), movements from Tai Chi adapted in a Qigong type format. Typically Qigong for the health promotion and therapeutic contexts is extremely easy to practice and can be significantly modified for use by patients in wheelchairs or hospital beds. (p. 212)

Entre las versiones adaptadas para la promoción de la salud en los mayores, McGinnis (2008) recomienda el uso de la forma de 8 movimientos, derivada de la (ya recortada) forma de 24 movimientos del estilo Yang, o el programa FaME (Falls Management Exercise) que empieza con ejercicios en una silla, para luego ejecutar movimientos de pie (con y sin apoyo) y, finalmente, algunas formas.  En todo caso, algunos autores han encontrado que son los practicantes habituales de las largas y complicadas formas tradicionales quienes obtienen mejores resultados en algunas áreas (por ejemplo, en la flexibilidad del tronco y del tendón de la corva, o en el equilibrio sobre una pierna con los ojos cerrados, Hong, Li y Robinson, 2000).  Así, existe la posibilidad de que incluso los estilos más tradicionales puedan usarse con fines preventivos o terapéuticos, practicados con las debidas precauciones.


Una forma especialmente útil para personas mayores es la de 8 movimientos

Las adaptaciones que requiere el Taijiquan han de hacerse con la ayuda de profesionales de la salud competentes (en aquellos casos en los que los profesores o instructores no tengan formación sanitaria); la práctica intensiva de esta arte marcial deben realizarse bajo su supervisión en aquellos casos en los que el practicante se encuentre físicamente debilitado. Personalmente no recomendaría la práctica del Taijiquan con la esperanza de resolver un problema médico sin haber consultado previamente la opinión de un facultativo, sin evaluar periódicamente los efectos, y sin informar oportunamente al instructor de cualquier condición física o psicológica que pudiera dificultar la práctica o empeorar con ella.

Referencias

Chen, K.M. (2010). Tai Chi. En Snyder, M. & Lindquist, R. (Eds). Complementary and alternative therapies in nursing. Sixth ed. New York: Springer. pp. 373-382.

Commission CNS (1983). Simplified taijiquan. Beijing: People’s Sports.

Hong, Youlian; Li, Jing Xian; Robinson, P. D. (2000). Balance control, flexibility, and cardiorespiratory fitness among older Tai Chi practitioners. British Journal of Sports Medicine, 34:29-34.

Jahnke, R. (2005). Qigong and Tai Chi: Traditional Chinese Health Promotion Practices in the Prevention and Treatment of Cardiovascular Disease (p. 204-219). En Frishman, W.H.; Weintraub, M.I.; Micozzi, M.S. (Eds.). Complementary and integrative therapies for cardiovascular disease.  United States of America: Elsevier.

Li, Fuzhong; Fisher, K. John; Harmer, Peter; Shirai, Machiko (2003), A simpler eight-form easy tai chi for elderly adults. Journal of Aging and Physical Activity, 11(2):206-18.

McGinnis, Patricia Quinn (2008). Tai chi.  En Deutsch, Judith and Anderson, Ellen (eds.) (2008). Complementary Therapies for Physical Therapy.A Clinical Decision-Making Approach (pp. 139-155). United States: Elsevier.

Roush, R. (2003). Complementary and alternative medicine: Clinic design. New York: The Haworth Integrative Healing Press.

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