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Sexto sentido

¿Quién no ha oído hablar de los cinco sentidos? Oído, gusto, olfato, tacto y vista; sobre todo vista. Nuestras sociedades occidentales son profundamente visuales.  Buena parte de nuestra vida cotidiana está organizada alrededor de, y gracias a, lo que podemos observar.  Los demás sentidos han sufrido una suerte de abandono, que los ha ubicado en una posición secundaria con respecto a la visión.  Este es el caso del tacto, cuyo principal órgano (la piel) es sin embargo el más grande entre los que tenemos los humanos (con un tamaño aproximado de 2 metros cuadrados y 5 kilos de peso).

En el caso del Taijiquan lo dicho con respecto a la visión y al tacto es claramente apreciable.  La abundancia de libros y vídeos donde se muestra paso a paso el desarrollo de las formas, con el objetivo de servir de material didáctico para el practicante, se sustenta sobre la idea de que el Taijiquan puede aprenderse observando.  Esta idea no es en sí misma descabellada: buena parte del proceso de aprendizaje de las formas se sustenta sobre la observación de los movimientos ejecutados por un instructor o maestro. Pero, como sabe todo practicante dedicado, solo se trata de una parte de la historia. Aprender Taijiquan es un proceso profundamente táctil.  Por un lado, se requiere de la corrección oportuna y precisa del maestro, quien toca el cuerpo del estudiante, lo reubica y lo moldea.  Por otro, se necesita de la fina sensibilidad del practicante para reconocer, en su propio cuerpo, los resultados de los movimientos y las posturas ejecutadas, así como de las correcciones realizadas.

Un instructor corrige la postura del aprendiz en Chenjiagou.
Fuente: https://www.facebook.com/groups/ChenBing/

La “fina sensibilidad del practicante” a la que me refiero tiene un nombre técnico.  Se le conoce como “propiocepción“.  Y aunque puede considerarse como un sub-tipo de tacto, para algunos es como un sexto sentido.  Un sentido que nos informa sobre lo que ocurre en el interior de nuestro cuerpo.  La propiocepción contribuye a la sensación muscular consciente, el equilibrio postural y la estabilidad articular. Recientemente he encontrado un pequeño artículo escrito por Xu, Hong, Li y Chan (2004) cuyo objetivo general es indagar si el Taijiquan mejora nuestra capacidad propioceptiva. Los autores han evaluado el umbral en el que el movimiento pasivo de la rodilla y el tobillo es detectado por personas mayores practicantes de Taijiquan (N=21), corredores/nadadores (N=20) o con estilo de vida sedentario (N=27).  Los miembros de los dos primeros grupos llevaban por lo menos cuatro años dedicados a la práctica de su actividad física, y no realizaban regularmente ningún otro tipo de ejercicio.  Los sujetos del experimento tenían una edad promedio de 68 años.

Los resultados del estudio indican que los practicantes de Taijiquan eran capaces de detectar movimientos mucho más pequeños en sus tobillos, en comparación con los otros dos grupos. Los corredores/nadadores y las personas sedentarias no mostraron diferencias significativas en la medida de propiocepción empleada.  Esto es una buena noticia para los mayores que practican Taijiquan con regularidad.  De acuerdo con los autores del estudio, la corrección postural en las personas de edad está basada fundamentalmente en movimientos de cadera; mientras que los jóvenes recurren más a la estabilización de los tobillos. La pérdida de información sensorial proveniente de los pies participa de este fenómeno, con lo que mantener una buena propiocepción en los tobillos puede incrementar los recursos a disposición de los mayores para enfrentarse al riesgo de caer.

Para el caso de las rodillas, los datos del estudio son menos claros. Los practicantes de Taijiquan mostraron un umbral más pequeño para la detección de la flexión de rodilla si se le comparaba con el grupo de sedentarios.  Pero no se encontraron diferencias significativas con el grupo de nadadores/corredores, así como entre estos últimos y los sedentarios.  Tampoco aparecieron diferencias significativas entre los tres grupos a propósito de la extensión de rodilla.  Estos resultados, dicen los autores, pueden atribuirse a las características de los movimientos propios del Taijiquan:

The old tai chi proverb states, ‘‘When performing tai chi, the feet act as roots’’. Although almost all tai chi forms are performed in a semi-squat position, which enhances the loading of the muscles and motion ranges of the knee joints, the continuous transformation of different postures and steps cause more changes in ankle joint movements, such as turning the toes outward or inward and raising or lowering the toes. Moreover, while making a stride, foot placement is slow and deliberate. These movements may help to retain the sensitivity of proprioceptors located in the joint capsules, ligaments, tendons, and muscles. (p. 53).

Xu, Hong, Li y Chan (2004) concluyen que “The elderly people who regularly practiced tai chi not only showed better proprioception at the ankle and knee joints than sedentary controls, but also better ankle kinaesthesis than swimmers/runners” (p. 50). Aunque ciertamente es arriesgado generalizar -y sostener que el Taijiquan mejora (toda) la propiocepción a partir de la medición de la percepción del movimiento pasivo en solo dos articulaciones- los autores confían en que su estudio ayuda a clarificar el mecanismo a través del cual el Taijiquan contribuye al mantenimiento del control del equilibrio en las personas de edad. Un mecanismo que no sería otro que la propiocepción y el control neuromuscular. Los investigadores lo describen así:

The postural control system operates as a control circuit between the sensory sources, central nervous system, and the musculoskeletal system. Proprioceptors and visual and vestibular centres contribute afferent information to the central nervous system on body position and balance. (p. 53)

La propiocepción es un sentido que disminuye con la edad, pero que puede mantenerse con la ayuda del ejercicio físico regular. Sin embargo, diferentes tipos de ejercicios tienen efectos diferentes sobre nuestro cuerpo.  No todos son igualmente efectivos en el cultivo de la propiocepción. Es de esperarse que disciplinas que ponen un énfasis más marcado en la percepción del propio cuerpo y de sus cambios sean más exitosos en este aspecto que otros. Entre los ejercicios más propiamente propioceptivos podríamos incluir los que realizan los practicantes de Yoga, Pilates y Taijiquan.  Podríamos decir, quizá, que estas disciplinas son una vía para mejorar la estabilidad a edades avanzadas, pero también un camino para reencontrarnos con nuestros sentidos olvidados y, sobre todo, con nuestro sexto sentido.

Referencias:

Xu, Dong Qing; Hong, Youlian; Li, Jing Xian; Chan, K. (2004). Effect of tai chi exercise on proprioception of ankle and knee joints in old people. British Journal of Sports Medicine, 38: 50-54.

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“Terapias naturales”, a examen

En diciembre de 2011, casi cuatro años después de que el Congreso de los Diputados solicitara un informe sobre la situación de las “terapias naturales” en el Estado Español, se dio a conocer el primer documento de análisis que sobre este tema ha elaborado el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (ver, aquí). El documento ha generado un cierto eco  en los medios de comunicación españoles, que ávidos de un titular de impacto, no han dudado en calificar de “dudosas” las terapias alternativas (El País, 27 de dic. de 2011), y en afirmar que “Sanidad pone en duda la eficacia de las terapias naturales” (Público, 21 de dic. de 2011) o que “el efecto de la homeopatía es placebo” (Noticias de Navarra, 21 de dic. de 2011).

El mencionado informe ha comprometido el esfuerzo de representantes del Ministerio de Sanidad, del Instituto de Salud Carlos III, del Ministerio de Educación y de las Comunidades Autónomas, y ha sido revisado por Asociaciones, Sociedades y Colegios Profesionales de diverso tipo. Aunque se ha publicitado como un análisis de 139 técnicas distintas, solo dedica una verdadera atención a la acupuntura, la homeopatía y las terapias físicas y manuales (particularmente la “manipulación espinal osteopática”).  Sin mayores detalles con respecto a las demás prácticas, concluye que “sólo una parte tiene influencia directa sobre la salud y el resto van fundamentalmente dirigidas al bienestar o confort del usuario”. Un profesional de la salud entrevistado en la televisión pública resumía a su manera esta conclusión: la satisfacción que siente una persona después de pasar por el estilista es, a juicio de este experto, lo más parecido al efecto de las terapias naturales. Legítimamente puede uno preguntarse, ¿cómo puede sostenerse “científicamente” una afirmación semejante, sin la existencia de “evidencia científica” suficiente o, lo que es peor, con evidencia recabada sobre solo un reducido grupo de disciplinas?

El lector del informe ha de tener en cuenta que su objetivo no es otro que el de justificar la necesidad de regular la formación, práctica y ejercicio de las formas de medicina no convencional.  En cumplimento de dicho objetivo -loable si se entiende como una forma de proteger al consumidor incauto o al paciente insatisfecho con el trato recibido por los representantes de la ciencia médica- se trata de identificar aquellas sobre las que se puedan tomar decisiones con un mínimo de seguridad.  Sin embargo, por el camino termina desacreditando una amplia gama de disciplinas.  Entre estas últimas, el Taijiquan, el Yoga o el Pilates son algunas de las 139 que, después de un examen (que se asume) riguroso, han sido excluidas de la lista de técnicas que tienen “repercusiones directas sobre la salud”, y han sido ubicadas “más en el ámbito del bienestar, el confort físico y emocional” (p. 28). El lector desprevenido ya podrá entonces ubicarlas en la lista que encabeza la peluquería de su barrio.

Nos encontramos aquí ante un problema de fondo.  No se trata de recordar que existen cada vez más estudios que prueban los efectos positivos del Taijiquan sobre la salud (cosa que, en todo caso, no ha sido considerada por los redactores del informe). Sino de llamar la atención sobre lo impreciso y lo riesgoso que resulta sugerir que el Taijiquan sea una forma de medicina natural o alternativa.  No puedo dejar de apuntar aquí, que a pesar de lo que pueda decir el National Center for Complementary and Alternative Medicine de los EEUU y el Ministerio de Sanidad español, esta disciplina no es, en sí misma una terapia.  Como tampoco lo son el Yoga o el método Pilates. El mismo informe define el Taijiquan como “un arte marcial desarrollado en China” (p. 96), con lo que resulta sorprendente que se le pidan cuentas por no parecerse lo suficiente al sistema médico occidental. ¿Se le pide acaso al judo, a la lucha grecorromana o al boxeo?

Todo guerrero, nos recuerda Jan Silberstorff (2009) se cuida meticulosamente de mantener un buen estado de salud.  De ello depende que pueda hacer con efectividad, y durante el mayor tiempo posible, aquello para lo cual se entrena cada día.  Algunos tienen en este empeño más éxito que otros; pero de aquí no puede concluirse que un arte marcial que te convierte en un peleador habilidoso y en una persona saludable sea una buena medicina. Eso sería reducir indiscriminadamente su complejidad y su significado; y es, desafortunadamente, lo que hace el Ministerio de Sanidad en su informe: abrir la puerta para una serie de afirmaciones desproporcionadamente parciales, que aunque se dicen asentadas sobre un criterio científico están basadas en la incomprensión y, podríamos incluso afirmar, en el etnocentrismo.

Referencias:

Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (2011). Análisis de la Situación de las Terapias Naturales.  Disponible en: http://www.msps.es/novedades/docs/analisisSituacionTNatu.pdf.

Silberstorff, J. (2009). Chen: Living Taijiquan in the Classical Style. United States: Singing Dragon.

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